Por el Dr. Leonardo Andújar Zaiter, especialista en Derecho Médico
Durante años, los profesionales de la salud han permitido que el ejercicio de la medicina sea dirigido y administrado por empresarios e instituciones con intereses predominantemente lucrativos.
Al ceder espacios esenciales, han renunciado a parte de su autonomía, quedando dependientes de una estructura económica que no siempre comprende la nobleza, la sensibilidad ni la esencia científica del quehacer médico.
La medicina, concebida históricamente como una profesión liberal, humanista y centrada en el paciente, ha sido arrastrada hacia un modelo empresarial que la equipara a cualquier actividad comercial. Como consecuencia, muchos profesionales de la salud están dejando de ejercer con la libertad y profundidad ética que exige su vocación.
Hoy enfrentamos un desafío impostergable: reivindicar la autonomía perdida y recuperar el rol humanista que sitúa al paciente en el centro de la atención, y no como un componente dentro de un proceso económico dirigido por terceros ajenos al sector salud.
Esta pérdida de control no es responsabilidad exclusiva del sistema; también recae sobre los propios profesionales, quienes han permitido que los servicios asistenciales se conviertan en estructuras frías, carentes de alma. La insuficiente formación en humanidades médicas dentro de las aulas universitarias ha contribuido a este desplazamiento, debilitando la identidad y sensibilidad del ejercicio.

Tiempo de introspección y recuperación del sentido vocacional
Los profesionales de la salud necesitan detenerse y cuestionarse profundamente:
¿Por qué permitir que otros interfieran en el verdadero sentido de la vocación?
¿Por qué renunciar al control de un acto cuya esencia es aliviar, acompañar y proteger?
Los empresarios y fuerzas económicas han aprovechado esta brecha, ocupando espacios que nunca debieron abandonar los profesionales. Esto desplaza al paciente, vulnera su derecho a una atención humanizada y erosiona la confianza en el acto médico.
Con el tiempo, la independencia profesional se ha visto comprometida y la sensibilidad que debe caracterizar al médico se ha ido debilitando.
Esta tendencia requiere una respuesta urgente y consciente.
Reconquistar la esencia del acto médico
Es necesario reconstruir la libertad del ejercicio profesional, permitiendo que la relación médico–paciente vuelva a ocupar su centro natural.
La medicina no puede ser guiada por métricas comerciales ni por intereses económicos que condicionen las decisiones clínicas.
La verdadera esencia del quehacer médico reside en:
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aliviar el dolor,
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acompañar el sufrimiento,
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escuchar con empatía,
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comprender con profundidad,
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y cuidar con dignidad humana.
El deber de cuidado nunca debe depender de recompensas económicas ni de estructuras administrativas ajenas al conocimiento médico.
La medicina es ciencia, sí; pero es también un arte profundamente humano.
Reconquistar esta esencia es una tarea impostergable para dignificar el ejercicio profesional y devolverle al paciente el lugar que merece.
