El síndrome de ovario poliquístico (SOP), una condición que afecta a una de cada ocho mujeres a nivel mundial, dejará de llamarse así. Tras catorce años de investigaciones, debates y consensos entre la comunidad médica y las pacientes, la afección ha sido rebautizada oficialmente como síndrome ovárico metabólico poliendocrino.
Detrás de este hito histórico se encuentra la endocrinóloga australiana Helena Teede, presidenta de la Sociedad Internacional de Endocrinología y directora del Centro Monash para la Investigación e Implementación en Salud de Melbourne. En esta entrevista profunda, Teede desvela por qué el término anterior era erróneo, el impacto crítico en la falta de fármacos específicos y cómo este cambio transformará la salud de más de 170 millones de mujeres.
El error histórico detrás del nombre «SOP»
¿Por qué era urgente cambiar el nombre de esta afección?
Había una necesidad realmente urgente. Estamos hablando de 170 millones de mujeres en todo el mundo que padecen una enfermedad cuyo nombre y clasificación han sido totalmente erróneos. Esto afecta directamente a la investigación, a la formación médica y a la calidad de la atención.
El nombre original no reflejaba la realidad del problema: una alteración del sistema endocrino u hormonal. Las hormonas son mensajeros químicos que recorren y afectan a todo el organismo. Quienes lo padecen saben perfectamente que sus síntomas van mucho más allá de un problema en los ovarios; sin embargo, han estado encasilladas en la categoría equivocada y recibiendo cuidados inadecuados durante demasiado tiempo.
¿Qué consecuencias financieras y médicas supuso etiquetarla exclusivamente como ovárica?
Los sistemas sanitarios globales funcionan por casillas. Al incluir el síndrome en la categoría de «enfermedades ováricas», cualquier investigación se financiaba únicamente con el presupuesto destinado al ámbito de la ginecología, que representa apenas el 0,1% del total.
Es una cifra ridícula para una condición que afecta a entre el 12% y el 15% de las mujeres. La consecuencia es devastadora: casi no se ha estudiado y nunca se ha desarrollado ni un solo medicamento específico para el mal llamado SOP.
¿Qué significa el nuevo término «Síndrome Ovárico Metabólico Poliendocrino»?
El nuevo nombre técnico se desglosa estratégicamente para cubrir la complejidad real de la patología:
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Poliendocrino: Hace referencia a que existen cerca de ocho alteraciones hormonales diferentes que afectan a las mujeres de forma variable y heterogénea en cada etapa de su vida.
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Metabólico: Alude a los riesgos sistémicos asociados a estas hormonas. La resistencia a la insulina eleva drásticamente el riesgo de diabetes temprana, aumento de peso y enfermedad cardíaca (la principal causa de muerte femenina global).
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Ovárico: Se mantiene el término de forma secundaria porque los ovarios se ven afectados por el desajuste hormonal general.
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Síndrome: Debido a su naturaleza compleja y multifactorial.
El impacto en la formación médica y el peligro del infradiagnóstico
Usted destaca que el antiguo nombre sesgaba la formación de los profesionales…
Totalmente. En la carrera de medicina el SOP solía enseñarse en apenas una hora dentro de ginecología e infertilidad. Si un estudiante se convertía en cardiólogo, dermatólogo o psiquiatra, asumía que no era su responsabilidad.
Al final, la atención quedaba en manos de ginecólogos que, aunque son excelentes en su área técnica y procedimental, no siempre tienen el enfoque endocrino global que requiere el sistema. El resultado actual es crítico: un 70% de errores de diagnóstico y altísimos índices de insatisfacción.
¿Sigue existiendo un grave infradiagnóstico?
Sí, alrededor del 70% de las mujeres no reciben un diagnóstico correcto hasta que intentan quedarse embarazadas. Esto provoca que acudan a la maternidad a una edad más avanzada y con más complicaciones gestacionales.
Si el síndrome ovárico metabólico poliendocrino se diagnostica a tiempo, se aplican estrategias de prevención efectivas. Con el tratamiento adecuado, las tasas de fertilidad se normalizan y pueden formar la familia que deseen sin sufrir complicaciones graves.
Tratamientos actuales y el estigma del estilo de vida
Al no existir fármacos específicos, ¿qué opciones médicas quedan hoy en día?
Utilizamos medicamentos secundarios desarrollados para otras enfermedades. Usamos la píldora anticonceptiva para modular el desequilibrio hormonal; a menudo se critica como un «parche», pero realmente cumple una función terapéutica endocrina. Para los niveles de insulina recurrimos a la metformina (un fármaco para la diabetes) y empleamos también antiandrógenos. Son efectivos, pero la ciencia médica necesita urgentemente desarrollar tratamientos específicos.
¿Qué papel juegan la dieta y el ejercicio en el nuevo enfoque metabólico?
Los hábitos de vida son el factor más importante, pero el enfoque médico ha sido profundamente injusto, tildándolo a veces de «fracaso personal». Decirle a una paciente con alta resistencia a la insulina «come menos y haz más ejercicio» genera culpa y estigma.
«Estadísticamente, solo una de cada 1.500 personas con un sobrepeso marcado logrará perder peso a largo plazo exclusivamente con cambios de estilo de vida.»
No podemos exigir milagros sin políticas públicas que apoyen el acceso a alimentos saludables y reduzcan los ultraprocesados. El estilo de vida es vital para la salud general, pero ante casos metabólicos severos, la terapia médica o quirúrgica es la única forma real de marcar una diferencia en la actualidad.
Entrevista original por Lucía Cancela para La Voz de la Salud.
