Medicamentos inyectables para la obesidad: avances, beneficios y precauciones

Columnas de Expertos Opinión

Por la Dra. Tammy Toribio
Obesóloga dietista, nutrióloga clínica y médica estética

Durante los últimos años, los medicamentos utilizados para el tratamiento de la obesidad han cambiado de manera significativa la forma en que abordamos esta enfermedad.

Entre ellos se encuentran algunos fármacos inyectables capaces de producir reducciones de peso clínicamente relevantes en determinados pacientes, especialmente cuando se utilizan junto con cambios sostenidos en la alimentación, la actividad física, el sueño y otros componentes del estilo de vida.

Sin embargo, es importante dejar algo claro: no son “inyecciones mágicas”.

Son medicamentos de prescripción que pueden producir efectos adversos, no están indicados para todas las personas y deben utilizarse bajo evaluación y seguimiento de profesionales capacitados.

La obesidad es una enfermedad, no una falta de voluntad

La obesidad es una enfermedad crónica, compleja y multifactorial.

Su desarrollo puede estar relacionado con factores biológicos, genéticos, hormonales, psicológicos, ambientales, sociales y conductuales. Por eso, reducirla a una supuesta falta de disciplina o voluntad desconoce la complejidad de esta condición.

La Organización Mundial de la Salud informó que más de 1,000 millones de personas vivían con obesidad en el mundo en 2022.

Esta enfermedad se asocia con un mayor riesgo de diabetes tipo 2, hipertensión, enfermedades cardiovasculares, apnea obstructiva del sueño, enfermedad hepática metabólica y algunos tipos de cáncer, entre otras complicaciones.

El organismo participa activamente en la regulación del apetito y del peso corporal. El cerebro recibe señales hormonales procedentes del sistema digestivo, el tejido adiposo y otros órganos para modular el hambre, la saciedad y la ingesta de alimentos.

Algunos de los medicamentos actuales actúan precisamente sobre esas vías biológicas.

¿Cómo funcionan estos medicamentos?

Entre los tratamientos más conocidos se encuentran los agonistas del receptor GLP-1, como liraglutida y semaglutida, y medicamentos con acción combinada sobre los receptores GIP y GLP-1, como tirzepatida.

Aunque suelen agruparse popularmente bajo el nombre de “inyectables para adelgazar”, no todos tienen las mismas indicaciones, dosis, beneficios o perfiles de seguridad.

Sus efectos pueden incluir:

  • Disminución del apetito.
  • Mayor sensación de saciedad.
  • Reducción de la ingesta de alimentos.
  • Retraso del vaciamiento gástrico, especialmente al comenzar el tratamiento.
  • Mejoría del control de la glucosa en determinados pacientes.

Estos efectos pueden ayudar a que la persona reduzca la cantidad de alimentos que consume y mantenga durante más tiempo la sensación de plenitud.

Eso no significa que eliminen completamente el hambre ni que sustituyan una alimentación adecuada.

¿Cuánto peso puede perder una persona?

La respuesta depende del medicamento, la dosis tolerada, el tiempo de tratamiento, las condiciones clínicas y la adherencia al plan integral.

En estudios realizados con personas adultas con obesidad o sobrepeso y condiciones asociadas, se han observado reducciones promedio aproximadas de:

  • Semaglutida: alrededor del 15 % del peso corporal en ensayos de aproximadamente 68 semanas.
  • Tirzepatida: reducciones promedio que pueden superar el 20 % con determinadas dosis después de alrededor de 72 semanas.

Estos porcentajes son promedios de grupos estudiados, no promesas para cada paciente.

Algunas personas pueden perder más peso, otras menos y otras pueden suspender el tratamiento por falta de respuesta, efectos adversos, contraindicaciones, costo o dificultades de acceso.

Tampoco debe compararse directamente un porcentaje obtenido en un ensayo clínico con el resultado de una cirugía bariátrica sin considerar las diferencias entre pacientes, procedimientos, duración del seguimiento y riesgos de cada intervención.

Los beneficios pueden ir más allá del peso

Una reducción de peso clínicamente significativa puede contribuir a mejorar diversos indicadores metabólicos y funcionales.

Dependiendo del medicamento, la indicación y las características del paciente, se han documentado beneficios como:

  • Mejor control de la glucosa en personas con diabetes tipo 2.
  • Reducción de la presión arterial.
  • Mejoría de algunos valores de colesterol y triglicéridos.
  • Disminución de la circunferencia de la cintura.
  • Mayor movilidad y capacidad para realizar actividades cotidianas.
  • Mejoría de algunas condiciones asociadas con la obesidad.

La semaglutida cuenta con evidencia y autorización en determinados países para reducir el riesgo de muerte cardiovascular, infarto y accidente cerebrovascular en adultos con enfermedad cardiovascular establecida y obesidad o sobrepeso.

La tirzepatida también ha demostrado beneficios en pacientes con obesidad y apnea obstructiva del sueño moderada o grave, pero esto no significa que todos los fármacos de esta familia produzcan los mismos resultados ni que estén autorizados para las mismas condiciones.

Los beneficios deben atribuirse al medicamento y a la población específicamente estudiados.

La pérdida de peso también puede incluir masa libre de grasa

Al perder peso, el organismo no reduce únicamente tejido adiposo. También puede disminuir parte de la masa libre de grasa, categoría que incluye músculos, agua, órganos, huesos y otros tejidos.

Por eso, no es completamente preciso afirmar que toda la masa libre de grasa perdida corresponde a músculo.

La magnitud y relevancia clínica de esa reducción varían entre pacientes y dependen de factores como la edad, el estado nutricional, la velocidad de pérdida de peso, el consumo de proteínas, la actividad física y la presencia de otras enfermedades.

Para favorecer la preservación de la función y la masa muscular, el tratamiento puede incluir:

  • Consumo adecuado de proteínas, ajustado a las necesidades individuales.
  • Ejercicios de fuerza o resistencia de forma regular.
  • Actividad física adaptada a la condición de cada paciente.
  • Evaluación de la composición corporal cuando esté indicada.
  • Seguimiento nutricional y clínico.

El objetivo no debe ser únicamente disminuir el número que aparece en la báscula, sino reducir el exceso de grasa preservando la fuerza, la movilidad y la salud metabólica.

¿Quiénes pueden ser candidatos?

De manera general, algunos medicamentos para el control crónico del peso están indicados en adultos con:

  • Índice de masa corporal de 30 kg/m² o más.
  • Índice de masa corporal de 27 kg/m² o más acompañado de al menos una condición relacionada con el peso.

Estos criterios son una referencia regulatoria y clínica, pero no sustituyen la evaluación individual.

El índice de masa corporal tampoco ofrece por sí solo una imagen completa de la salud de una persona. El médico debe considerar antecedentes, composición corporal, enfermedades asociadas, tratamientos anteriores, medicamentos utilizados, salud mental, patrones alimentarios y posibles contraindicaciones.

La autorización de cada producto puede variar según el país, la edad y la condición que se desea tratar.

Efectos secundarios y riesgos

Los efectos adversos más frecuentes suelen ser gastrointestinales y pueden incluir:

  • Náuseas.
  • Vómitos.
  • Diarrea.
  • Estreñimiento.
  • Dolor o distensión abdominal.
  • Reflujo.
  • Sensación prolongada de llenura.

Estos síntomas suelen presentarse con mayor frecuencia durante el aumento de la dosis, pero no siempre son leves ni desaparecen en todos los pacientes.

También existen riesgos menos frecuentes que requieren evaluación médica, como enfermedad de la vesícula biliar, pancreatitis, deshidratación, deterioro de la función renal, hipoglucemia cuando se combinan con determinados medicamentos para la diabetes y complicaciones asociadas con un vaciamiento gástrico más lento.

Algunos de estos tratamientos contienen advertencias y contraindicaciones específicas, incluyendo antecedentes personales o familiares de carcinoma medular de tiroides o neoplasia endocrina múltiple tipo 2.

Las personas embarazadas, que buscan un embarazo o que presentan determinadas enfermedades digestivas requieren una evaluación especialmente cuidadosa.

La prescripción debe realizarse después de revisar el historial clínico completo. También es importante informar al equipo médico antes de una cirugía o procedimiento que requiera sedación o anestesia.

No deben utilizarse productos de procedencia dudosa

El aumento de la demanda ha favorecido la venta de productos falsificados, sin registro sanitario o adquiridos a través de canales informales.

Comprar estos medicamentos sin receta o mediante proveedores no autorizados puede exponer al paciente a dosis incorrectas, contaminación, conservación inadecuada o sustancias distintas de las declaradas.

El tratamiento debe adquirirse a través de establecimientos autorizados y mantenerse según las condiciones de almacenamiento indicadas por el fabricante.

Nunca debe compartirse un dispositivo de inyección con otra persona.

¿Se recupera el peso al suspender el tratamiento?

Puede ocurrir.

Después de suspender estos medicamentos, muchas personas vuelven a experimentar un aumento del apetito y recuperan parte del peso perdido.

Esto no significa que el tratamiento haya “fracasado”. Refleja, en parte, el carácter crónico de la obesidad y la persistencia de los mecanismos biológicos que favorecen la recuperación del peso.

Por esa razón, la suspensión no debería hacerse de manera improvisada.

El equipo médico debe valorar la respuesta obtenida, los efectos adversos, las condiciones económicas, las preferencias del paciente y las estrategias necesarias para mantener los beneficios alcanzados.

En algunos casos, el tratamiento farmacológico puede requerirse durante períodos prolongados. En otros, será necesario cambiar la dosis, utilizar otra alternativa o continuar con un plan no farmacológico.

Una nueva etapa en el tratamiento de la obesidad

Los medicamentos basados en GLP-1 y otras vías hormonales representan uno de los avances más importantes en el tratamiento moderno de la obesidad.

Han permitido abordar mecanismos biológicos que antes contaban con menos alternativas terapéuticas y han demostrado que es posible lograr reducciones importantes de peso sin recurrir necesariamente a una intervención quirúrgica.

Sin embargo, no sustituyen el criterio médico, el acompañamiento nutricional ni la participación activa del paciente.

Tampoco deben convertirse en una respuesta estética rápida ni utilizarse para perder unos pocos kilos sin una indicación clínica adecuada.

El verdadero objetivo del tratamiento no es alcanzar un cuerpo específico. Es disminuir riesgos, mejorar la función física, tratar las enfermedades asociadas y favorecer una vida más saludable.

La medicina moderna no debe limitarse a buscar que una persona pese menos.

Debe procurar que conserve su masa muscular, mejore su salud metabólica, reciba un tratamiento seguro y pueda sostener sus resultados a largo plazo.

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