De “gorda” a “inflamada”: el nuevo disfraz de la gordofobia

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Internacional.– El retorno de la delgadez extrema como ideal de belleza vuelve a generar preocupación, ahora envuelto en mensajes de bienestar, autocuidado y “salud”. Especialistas advierten que este nuevo lenguaje, amplificado por redes sociales y por el uso estético de medicamentos para adelgazar, podría reforzar la gordofobia y dificultar la detección de trastornos de la conducta alimentaria.

La conversación resurgió tras un mensaje viral de la directora Chloé Wallace luego de la gala de los Oscar, en el que cuestionó el regreso de la delgadez como símbolo de valor social. Su publicación reactivó un debate que, según recoge un reportaje de El País, apunta al retorno de un ideal corporal restrictivo, ahora presentado con una apariencia más sofisticada y socialmente aceptada.

De acuerdo con especialistas citadas por ese medio, la diferencia con la estética extrema de los años noventa es el lenguaje. Antes, la presión era más directa; hoy se disfraza de disciplina, biometría, balance energético, “inflamación” o autocuidado. El problema, advierten, es que ese discurso puede legitimar conductas restrictivas y hacer más difícil reconocer cuándo se está frente a una relación poco saludable con la comida y con el cuerpo.

El reportaje también pone el foco en el uso aspiracional de fármacos indicados para la obesidad. Aunque estos tratamientos han representado avances importantes en contextos clínicos específicos, expertas advierten que su banalización o uso sin seguimiento médico puede derivar en consecuencias serias, entre ellas malnutrición y mayor vulnerabilidad en personas con riesgo de trastornos de la conducta alimentaria.

A esto se suma el papel de las redes sociales, donde el algoritmo amplifica modelos corporales, rutinas, comparaciones y mensajes que muchas veces asocian delgadez con éxito, autocontrol o superioridad moral. En ese escenario, el cuerpo deja de ser solo una cuestión estética para convertirse en una forma de validación social.

Especialistas advierten que esta nueva presión no solo afecta la imagen corporal, sino también la salud mental. Cuando la diversidad corporal se patologiza y todo se traduce en una meta de reducción de peso, se corre el riesgo de presentar como “salud” prácticas que en realidad responden a estigma, culpa o exigencia estética.

El tema importa porque reabre una discusión de salud pública que va más allá de la moda. Igualar automáticamente delgadez con bienestar puede invisibilizar factores físicos, emocionales y sociales que también forman parte de la salud. Además, puede reforzar prejuicios contra los cuerpos diversos y normalizar conductas de riesgo bajo una apariencia de autocuidado.

El debate actual no cuestiona el abordaje médico de la obesidad cuando existe indicación clínica, sino el uso de ese discurso para sostener un nuevo ideal corporal extremo. Expertas coinciden en que hablar de salud exige contexto, supervisión profesional y una mirada más amplia que no reduzca el bienestar al peso o a la talla.

Fuente: El País / Jessica Mouzo

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