Por la Dra. Hally Jiménez – Nutrióloga Clínica
El pasado 4 de marzo, en el marco del Día Mundial de la Obesidad, se generó una importante oportunidad para reflexionar sobre esta enfermedad crónica y multifactorial, así como sobre la manera en que la sociedad la comprende y la aborda. Más allá de una fecha conmemorativa, este día invita a continuar promoviendo una conversación informada y responsable sobre la obesidad, su impacto en la salud y la importancia de un abordaje integral.
Cuando hablamos de obesidad, nos referimos a una enfermedad crónica caracterizada por una acumulación excesiva de grasa corporal que puede afectar negativamente la salud. Se trata de una condición compleja que requiere un enfoque multidisciplinario, en el que intervienen profesionales de la nutrición, la medicina, la psicología, la actividad física y otras áreas de la salud.
Durante muchos años predominó una visión simplificada de la obesidad basada en la idea de “comer menos y moverse más”. Sin embargo, la evidencia científica ha demostrado que esta condición es mucho más compleja. En ella influyen factores genéticos, metabólicos, hormonales, ambientales y emocionales, lo que hace necesario un abordaje más humano, integral y basado en la ciencia.
Como nutrióloga clínica, tengo la responsabilidad y la oportunidad de contribuir a transformar la manera en que se entiende esta enfermedad. La obesidad no es una falta de voluntad ni una falla de carácter. Es una condición de salud que merece acompañamiento profesional, respeto y estrategias terapéuticas adecuadas para cada persona.
Comprender la obesidad desde esta perspectiva implica reconocer que cada paciente tiene una historia distinta. Factores como el entorno, los hábitos de vida, el acceso a alimentos saludables, el estrés, el sueño, el metabolismo y la salud emocional influyen en el desarrollo y manejo de esta condición.
Por esta razón, el tratamiento de la obesidad debe centrarse no solo en la pérdida de peso, sino también en la mejora de la salud metabólica, la prevención de enfermedades asociadas y el bienestar integral del paciente.
Desde mi práctica profesional, mi objetivo como nutrióloga es:
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Brindar herramientas basadas en evidencia científica que promuevan la salud y la calidad de vida a largo plazo.
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Promover entornos alimentarios más saludables y sostenibles.
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Priorizar la salud metabólica por encima de la pérdida de peso rápida.
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Contribuir a eliminar el sesgo de peso dentro de la consulta clínica.
Es importante recordar que la salud no se mide únicamente en una báscula. Existen múltiples indicadores que deben considerarse al evaluar el bienestar de una persona, incluyendo su estado metabólico, su nivel de energía, su relación con la alimentación, su salud emocional y su calidad de vida.
Aunque el Día Mundial de la Obesidad se conmemora cada año el 4 de marzo, el mensaje que promueve debe mantenerse presente durante todo el año: la obesidad es una condición compleja que requiere comprensión, educación y acompañamiento profesional.
Necesitamos avanzar hacia una conversación social más empática y basada en evidencia. Una conversación que promueva hábitos saludables, que celebre los pequeños avances y que priorice el bienestar integral por encima de los estándares estéticos o las soluciones rápidas.
Quizás también sea momento de replantear el lenguaje que utilizamos. En lugar de centrarnos exclusivamente en el concepto de “dieta”, podemos comenzar a hablar más de cuidado, salud, equilibrio y bienestar a largo plazo.
La nutrición, cuando se aborda de manera adecuada, es una herramienta poderosa para fortalecer la salud, prevenir enfermedades y mejorar la calidad de vida. Pero ese proceso debe construirse desde el respeto, la paciencia y el acompañamiento profesional.
Si una persona decide iniciar un camino para mejorar su salud, merece hacerlo desde la información, la empatía y el apoyo adecuado. Ese acompañamiento, libre de estigmas y basado en la ciencia, también forma parte esencial del tratamiento.
