«Alerta Salud en Plataformas Digitales: El Intrusismo que Viste de Médico y se Vende sin Aval Científico».

Opinión

Por Johanny Corona, MA – Marketing Médico y Comunicación en Salud

Hace unos días, hablaba con una amiga médica sobre lo que significa realmente estudiar una carrera de salud. No es solo un título colgado en la pared. Es trasnochar, llorar, fallar, levantarse, estudiar mientras otros duermen y aceptar que, en algún momento, una vida puede depender de ti.
Y mientras ella me contaba todo eso, pensé: ¿cómo es posible que hoy cualquiera pueda disfrazarse de profesional de la salud con solo ponerse unos scrubs y abrir una cámara?

De ahí nace esta reflexión.

No como comunicadora.
No como mercadóloga.
Sino como ciudadana que observa, con preocupación, cómo la línea entre “contenido” y “autoridad médica” se vuelve cada día más borrosa.

La digitalización nos dio oportunidades inmensas, sí… pero también abrió la puerta a algo que llamo blanqueo de credibilidad: personas sin preparación clínica que, gracias a ciertos trucos visuales y a la maquinaria de las redes, terminan pareciendo expertos cuando no lo son.

1. Los Scrubs: Cuando el uniforme se vuelve una estrategia

Todos sabemos lo que sentimos cuando vemos un médico con su bata o su pijama quirúrgica: respeto, confianza, tranquilidad.
Ese uniforme tiene un peso emocional y simbólico muy fuerte. Representa años de estudio, responsabilidad y ética.

Por eso, cuando veo a un influencer sin formación en salud usando scrubs para grabar un video, me duele.
No porque se vea mal… sino porque sé que detrás de esa imagen hay una intención clara: activar el sesgo de autoridad y decirle, sin palabras, al público: “Confía en mí. Estoy vestido como un profesional.”

Pero vestirse de médico no convierte a nadie en uno.
Y en salud, un consejo mal dado no se borra con un “lo siento”. Puede traer consecuencias reales.

Pienso en la mamá que sigue un consejo en redes sin saber que es incorrecto.
Pienso en la joven que deja de acudir a un dermatólogo porque “una influencer recomendó otra cosa”.
Pienso en el paciente alérgico que minimiza síntomas porque alguien minimizó los suyos en un reel.

Esa es la parte humana del problema.
La que afecta vidas, no estadísticas.

2. Los Premios sin Rigor: El aplauso que confunde

El otro fenómeno que acompaña este intrusismo es todavía más sutil: los premios.

Vemos galas que entregan trofeos a “influencers de salud”, premiando engagement, alcance y viralidad… pero nunca formación clínica, ética profesional o capacidad diagnóstica.

Y claro, el público ve un premio y asume autoridad.
Porque así hemos sido criados: si te reconocen públicamente, es porque lo mereces.

Pero en salud no funciona así.
Un premio de comunicación no legitima un consejo médico.
No sustituye un título.
No reemplaza la práctica clínica.
No salva vidas.

Si acaso, abre la puerta a que más personas crea sin cuestionar.

El problema real: la gente está quedando desprotegida

Lo más doloroso de escribir esto es saber que el riesgo no es simbólico: es humano.

Porque mientras los profesionales de la salud luchan contra la desinformación, otros —sin preparación— se benefician del algoritmo, del uniforme y del aplauso fácil.

Y quien sale perdiendo siempre es el mismo:
el ciudadano que solo busca respuestas, alivio, una guía confiable.

La verdad que quiero que recuerdes

La credibilidad médica no se compra, no se improvisa y no se fabrica para un reel.
La credibilidad médica no se viste: se verifica.

Si vas a confiar tu salud —tu cuerpo, tu cara, tu mente— a alguien, revisa:

  • Su exequátur.

  • Su especialidad.

  • Su registro en la sociedad médica correspondiente.

No te dejes llevar por el uniforme, el tono de voz, los premios ni los likes.

Hazlo por ti. Por tu salud. Por tu familia.

Cierro con lo que me motivó a escribir esto

Escribo desde la responsabilidad, sí, pero también desde el cariño.
Porque he visto lo que un buen médico puede hacer.
Y también he visto lo que causa la desinformación disfrazada de consejo.

Y me niego a normalizarlo.

Las redes pueden ser herramientas poderosas para educar, siempre que las manejemos con ética y respeto.
Pero cuando alguien usa el marketing para parecer lo que no es, deja de ser contenido inocente y pasa a ser riesgo.
Riesgo que se previene con algo tan simple como preguntar:

“¿Esta persona tiene el aval para hablar de mi salud?”

Si la respuesta es no, no importa cuántos scrubs use, cuántos premios tenga ni cuántos seguidores lo aplaudan.

Ese no es tu profesional de salud.

Contacto profesional

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📧 serviciosjcorona@gmail.com
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