Cada día, en salas de parto de todo el mundo, los recién nacidos reciben una de sus primeras evaluaciones médicas: el test de Apgar. Lo que muchos desconocen es que su nombre no nació de una sigla médica, sino del apellido de Virginia Apgar, una anestesióloga estadounidense que transformó la atención neonatal en el siglo XX.
Antes de que existiera esta escala, no había un sistema sencillo y estandarizado que permitiera describir rápidamente la condición de un bebé inmediatamente después del nacimiento. Virginia Apgar observó esa necesidad desde su trabajo en anestesia obstétrica y desarrolló una solución sorprendentemente simple: evaluar cinco signos clínicos, otorgar una puntuación a cada uno y obtener un resultado entre 0 y 10. Presentó el método en 1952 y publicó sus resultados en 1953.

¿Quién fue Virginia Apgar?
Virginia Apgar nació en Nueva Jersey, Estados Unidos, en 1909. Estudió Medicina en el College of Physicians and Surgeons de la Universidad de Columbia y se graduó en 1933, ocupando el cuarto lugar de una promoción de 90 estudiantes. Inicialmente quiso convertirse en cirujana y comenzó su formación en esa especialidad, pero terminó orientando su carrera hacia la anestesiología.
Su cambio de rumbo ocurrió en una época en la que las oportunidades profesionales para las mujeres dentro de determinadas especialidades médicas eran considerablemente más limitadas. Columbia señala que fue aconsejada a abandonar su aspiración de hacer carrera como cirujana en un contexto marcado por las barreras que enfrentaban las mujeres en ese campo.
Lejos de detener su trayectoria, Apgar encontró en la anestesiología un terreno desde el cual realizaría una contribución histórica.
En 1938 regresó al Columbia-Presbyterian Hospital para dirigir la nueva División de Anestesia. Años después alcanzaría otro hito: en 1949 se convirtió en la primera mujer nombrada profesora titular en el College of Physicians and Surgeons de Columbia.
Una pregunta que ayudó a cambiar la atención del recién nacido
La historia sobre el nacimiento de la escala tiene un componente particularmente curioso. De acuerdo con la Universidad de Columbia, la idea tomó forma durante una conversación después de que un estudiante preguntara a Apgar cómo podía evaluarse sistemáticamente a un recién nacido.
La anestesióloga planteó entonces cinco elementos clínicos que podían observarse rápidamente. El sistema fue presentado en 1952 y publicado al año siguiente bajo un método de puntuación de diez puntos para evaluar al bebé después del nacimiento.
La propuesta tenía una gran ventaja: era rápida, sencilla y reproducible.

¿Qué evalúa el test de Apgar?
La escala observa cinco parámetros fundamentales:
- Frecuencia cardíaca
- Esfuerzo respiratorio
- Tono muscular
- Respuesta refleja o irritabilidad refleja
- Coloración de la piel
Cada componente recibe 0, 1 o 2 puntos, de modo que la suma puede alcanzar un máximo de 10. La evaluación se realiza habitualmente al minuto y a los cinco minutos después del nacimiento.
El objetivo es ofrecer al personal sanitario una valoración rápida de cómo está respondiendo el recién nacido inmediatamente después del parto y si requiere atención adicional.
Es importante aclarar que el Apgar no fue diseñado para diagnosticar enfermedades específicas ni para predecir por sí solo el futuro desarrollo neurológico o intelectual de un niño. Su utilidad principal está en la evaluación clínica inmediata del recién nacido.
APGAR: el acrónimo llegó después
Existe una curiosidad histórica que ha generado cierta confusión.
Actualmente es común enseñar los componentes de la escala mediante el acrónimo en inglés APGAR:
A – Appearance (apariencia/color)
P – Pulse (pulso)
G – Grimace (respuesta refleja)
A – Activity (actividad/tono muscular)
R – Respiration (respiración)
Sin embargo, la prueba no recibió ese nombre por esas cinco palabras. Apgar era el apellido de Virginia Apgar. El recurso mnemotécnico fue desarrollado posteriormente para facilitar que estudiantes y profesionales recordaran los componentes de la evaluación.
Una escala sencilla que transformó la sala de parto
El aporte de Apgar fue más profundo que crear una puntuación.
Su método contribuyó a que el recién nacido recibiera una atención sistemática inmediatamente después del nacimiento y permitió comparar de manera más objetiva su estado clínico y los resultados de diferentes prácticas obstétricas y anestésicas.
Después de ser probado en miles de recién nacidos durante la década de 1950, el sistema comenzó a extenderse ampliamente y para los años sesenta ya era utilizado de forma consistente en numerosos hospitales.
Columbia considera que las investigaciones y aportes de Apgar también contribuyeron al desarrollo posterior de áreas como la perinatología, la neonatología, los cuidados intensivos neonatales y la investigación sobre la salud del recién nacido.

Virginia Apgar fue mucho más que el test que lleva su nombre
Su trayectoria científica no terminó en la sala de partos. En 1959 obtuvo una maestría en Salud Pública en la Universidad Johns Hopkins y posteriormente trabajó con March of Dimes, donde dedicó buena parte de su carrera a la prevención y estudio de defectos congénitos y a la educación pública sobre salud maternoinfantil.
También fue profesora, investigadora y divulgadora. Fuera de la medicina tenía otra faceta singular: era violinista y construía instrumentos de cuerda. Columbia conserva incluso referencias a instrumentos fabricados por ella.
Virginia Apgar murió en 1974, a los 65 años. Dos décadas después, en 1994, el Servicio Postal de Estados Unidos emitió un sello conmemorativo con su imagen y en 1995 fue incorporada al National Women’s Hall of Fame.
Un apellido que se pronuncia minutos después de millones de nacimientos
Más de siete décadas después de que Virginia Apgar presentara su propuesta, su apellido continúa formando parte del lenguaje cotidiano de obstetras, pediatras, neonatólogos, anestesiólogos y personal de enfermería alrededor del mundo.
Detrás de esos cinco parámetros y una puntuación aparentemente sencilla existe la historia de una médica que identificó un problema concreto y creó una herramienta capaz de cambiar la forma en que la medicina observa al ser humano durante sus primeros minutos de vida.
La próxima vez que alguien escuche hablar del “Apgar 8”, “Apgar 9” o “Apgar 10” de un recién nacido, también estará escuchando, aunque quizás no lo sepa, el apellido de Virginia Apgar, una de las mujeres que dejaron una huella permanente en la historia de la medicina.

