54.9 % de los niños dominicanos aún son criados con disciplina violenta, advierten pediatras durante la XVI Jornada Nacional de Pediatría

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Santo Domingo. – El 54.9 % de los niños y niñas de 1 a 14 años en República Dominicana recibe agresiones psicológicas o castigos físicos como forma de disciplina, según datos de la Encuesta Nacional de Hogares de Propósitos Múltiples ENHOGAR-MICS 2025.

La cifra fue abordada durante la XVI Jornada Nacional de Pediatría, encuentro organizado por la Sociedad Dominicana de Pediatría y dedicado en esta edición a la atención del recién nacido.

En el marco de la actividad, la entidad desarrolló el taller “Los Pediatras Hablan”, dirigido a madres, padres y cuidadores, con orientaciones para reconocer posibles señales de maltrato, violencia y abuso infantil.

La pediatra-puericultora Josefina Luna Rodríguez, especialista en protección de la niñez, explicó que estos conceptos no son equivalentes, aunque con frecuencia se utilicen como sinónimos.

La especialista advirtió que la violencia contra niños, niñas y adolescentes constituye un problema de salud pública cuyos efectos pueden extenderse más allá de la infancia.

Efectos que pueden mantenerse hasta la vida adulta

La exposición frecuente a la violencia y a otras experiencias adversas puede generar estrés tóxico, afectar el desarrollo cerebral y producir dificultades en el aprendizaje, la atención y la regulación de las emociones.

Organismos como la Organización Mundial de la Salud señalan que el maltrato infantil está relacionado con consecuencias físicas y mentales a corto y largo plazo, incluyendo ansiedad, depresión, menor desempeño académico y mayor riesgo de consumo problemático de alcohol y otras sustancias.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades también advierten que el estrés prolongado asociado con experiencias adversas puede afectar el sistema inmunitario, la respuesta del organismo al estrés y capacidades como la atención, la toma de decisiones y el aprendizaje.

Esto no significa que todos los niños expuestos desarrollarán las mismas consecuencias. Los efectos pueden variar según la intensidad, duración y frecuencia de la violencia, así como por la presencia de adultos protectores y el acceso oportuno a atención profesional.

Señales que requieren atención

Durante su participación, Luna Rodríguez recomendó observar cambios repentinos en la conducta o el estado emocional de los niños.

Entre las posibles señales de alerta mencionó:

  • miedo inesperado hacia una persona o un lugar;
  • aislamiento o tristeza persistente;
  • irritabilidad o agresividad;
  • retrocesos en habilidades ya adquiridas;
  • rechazo a asistir a la escuela;
  • disminución repentina del rendimiento académico;
  • alteraciones del sueño;
  • lesiones repetidas o moretones con explicaciones poco consistentes;
  • descuido persistente de la higiene o hambre frecuente.

La especialista aclaró que una sola señal no confirma automáticamente que exista maltrato o abuso. Sin embargo, los cambios persistentes, la presencia simultánea de varios indicadores o el relato directo del niño requieren atención cuidadosa y una evaluación adecuada.

En posibles casos de abuso sexual, también pueden observarse conocimientos o comportamientos sexuales no esperados para la edad, rechazo a quedarse con determinadas personas, pesadillas, cambios bruscos de conducta o temor repentino.

Escuchar al niño sin juzgarlo

La pediatra recomendó que, cuando un niño comunique una situación que le produce miedo o incomodidad, el adulto escuche con calma, evite culpabilizarlo y no lo presione para que relate repetidamente lo ocurrido.

También aconsejó mantener una comunicación cotidiana, enseñar a los niños que tienen derecho a decir “no” ante situaciones incómodas y explicarles que pueden acudir a un adulto de confianza cuando se sientan en peligro.

Entre las medidas de protección citó conocer los lugares y personas con quienes permanece el menor, supervisar el uso de internet de acuerdo con su edad y prestar atención a cambios en sus emociones, sueño, alimentación, desempeño escolar o relaciones sociales.

Cuando existan sospechas de violencia o abuso, la situación debe ser atendida por profesionales capacitados y comunicada a las autoridades correspondientes, evitando confrontar directamente al posible responsable delante del niño.

Crianza con afecto y límites claros

Luna Rodríguez llamó a sustituir los castigos físicos y las agresiones verbales por prácticas de crianza basadas en el respeto, la comunicación y el establecimiento de límites claros.

La disciplina positiva no implica permitir todas las conductas ni eliminar las consecuencias. Consiste en enseñar reglas, explicar las razones, aplicar consecuencias proporcionales y mantener límites sin recurrir a golpes, humillaciones, amenazas o insultos.

La Organización Mundial de la Salud recomienda fortalecer las habilidades de madres, padres y cuidadores y promover entornos seguros, estables y afectivos como parte de las estrategias para prevenir la violencia infantil.

La Sociedad Dominicana de Pediatría indicó que continuará desarrollando encuentros educativos y científicos para ofrecer herramientas a familias y profesionales de la salud sobre el abordaje integral de niños, niñas y adolescentes.

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