El país registra un promedio de 1.97 hijos por mujer. Detrás de la cifra convergen el costo de vida, las dificultades para acceder a una vivienda, los proyectos profesionales, la salud y una mayor autonomía para decidir sobre la maternidad y la paternidad.
La frase “no quiero tener hijos” se escucha hoy con mayor naturalidad. Para algunas personas representa una decisión definitiva; para otras, significa “todavía no”: primero desean concluir sus estudios, desarrollar una carrera, comprar una vivienda o alcanzar cierta estabilidad económica y emocional.
Aunque las experiencias compartidas en conversaciones y redes sociales revelan un cambio cultural, no permiten concluir que la mayoría de los dominicanos haya renunciado a formar una familia. Lo que sí confirman las estadísticas es que en República Dominicana nacen menos hijos por mujer que en décadas anteriores.
Los datos detrás de la conversación
La Encuesta Nacional de Hogares de Propósitos Múltiples ENHOGAR-MICS 2025 situó la tasa global de fecundidad en 1.97 hijos por mujer, según la Oficina Nacional de Estadística.
La cifra se encuentra por debajo del nivel de reemplazo poblacional y contrasta con los 7.57 hijos por mujer estimados en 1950.
Los registros administrativos de la ONE contabilizaron 123,759 nacimientos ocurridos durante 2025. De estos, 34,041 correspondieron a madres de 25 a 29 años; 27,276, a mujeres de 30 a 34, y 12,829, al grupo de 35 a 39 años.
Otros 2,920 nacimientos correspondieron a mujeres de 40 a 44 años.
Las estadísticas muestran que una parte importante de la maternidad ocurre después de los 30 años, pero no explican por sí solas las motivaciones de cada persona. Para comprender el fenómeno también es necesario observar las condiciones económicas, sociales y sanitarias en las que se toman estas decisiones.
Querer una familia y poder formarla no siempre coinciden
La reducción de la fecundidad no significa automáticamente que las personas hayan dejado de querer hijos.
El Estado de la Población Mundial 2025, elaborado por el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), plantea que una parte de la población no logra formar la familia que desea debido a diferentes obstáculos.
Una consulta realizada a 14,000 personas de 14 países identificó entre las principales barreras las dificultades económicas, el acceso limitado a una vivienda adecuada, la inseguridad laboral y determinados problemas de salud.
Los resultados no representan exclusivamente a República Dominicana, pero el UNFPA en el país ha señalado que la desigualdad y la exclusión social también condicionan la libertad reproductiva de los jóvenes dominicanos.
Tener un hijo implica gastos de alimentación, vivienda, educación, salud y cuidados. También requiere tiempo y una reorganización de la vida familiar y profesional que no siempre se distribuye de manera equitativa.
Para algunas personas, postergar representa una forma de prepararse. Para otras, las condiciones necesarias nunca terminan de llegar.
La fecundidad cambia según las condiciones de vida
La tasa de fecundidad no es igual en todo el país.
La ENHOGAR-MICS 2025 registró un promedio de 1.95 hijos por mujer en las zonas urbanas y de 2.03 en las rurales. En la región Enriquillo alcanzó 2.70, mientras que en Cibao Sur se situó en 1.60.
Las diferencias son mayores cuando se analiza la situación económica. Las mujeres pertenecientes al grupo de menores ingresos registraron un promedio de 2.70 hijos, frente a 1.52 entre las del grupo de mayores ingresos.
Entre las mujeres con educación universitaria o superior, el promedio fue de 1.62 hijos.
Estas cifras no deben interpretarse como simples preferencias individuales. También reflejan diferencias en educación, ingresos, acceso a anticonceptivos, servicios sanitarios y oportunidades para desarrollar proyectos personales.
Postergar no es lo mismo que renunciar
Una persona puede no querer hijos, desearlos más adelante o cambiar de decisión con el paso del tiempo. Todas son posibilidades personales que deben ser respetadas.
Sin embargo, quienes contemplan postergar la maternidad o la paternidad necesitan información adecuada sobre su salud reproductiva.
El Colegio Estadounidense de Obstetras y Ginecólogos explica que la fertilidad femenina comienza a disminuir gradualmente alrededor de los 30 años y que el descenso se acelera a partir de mediados de esa década.
La fertilidad masculina también puede disminuir con la edad, aunque de una manera menos predecible.
Esto no significa que todas las personas tendrán dificultades para concebir ni que un embarazo después de los 35 años será necesariamente complicado. La edad es uno de varios factores y cada caso requiere una valoración individualizada.
Planificar también implica conocer la salud reproductiva
La Organización Mundial de la Salud estima que cerca de una de cada seis personas en edad reproductiva experimenta infertilidad en algún momento de su vida.
Las causas pueden estar relacionadas con el aparato reproductor femenino, el masculino, ambos o no llegar a determinarse.
Quienes desean tener hijos en el futuro pueden conversar anticipadamente con profesionales de ginecología, urología o medicina reproductiva. La orientación médica permite conocer antecedentes y factores que podrían afectar la fertilidad, pero ningún análisis aislado puede garantizar o descartar un embarazo futuro.
La planificación reproductiva tampoco debe reducirse a advertencias sobre la edad. Requiere acceso a información, anticonceptivos, atención preconcepcional y servicios para el diagnóstico y tratamiento de la infertilidad.
Un cambio que alcanzará a todo el país
La reducción de la fecundidad tendrá consecuencias que irán más allá de las familias.
La ONE estima que la edad promedio de la población dominicana pasó de 21.6 años en 1950 a 32.9 años en 2026. Para 2050 podría alcanzar los 40.3 años.
De mantenerse la tendencia, hacia mediados de siglo República Dominicana tendría por primera vez más adultos mayores que niños y niñas.
Este escenario exigirá respuestas en áreas como salud, pensiones, cuidados de larga duración, productividad laboral y protección social. También obligará a revisar las políticas de apoyo a quienes desean formar una familia.
El desafío no consiste en señalar a quienes deciden no tener hijos ni en presionar a quienes prefieren esperar. Consiste en crear condiciones para que la decisión de formar una familia sea verdaderamente libre, informada y compatible con una vida digna.

