Vínculo, propósito y sentido frente al suicidio

Health Psiquiatría

Un intento de suicidio rara vez responde a una sola causa. El acoso, una ruptura, un fracaso académico o una crisis familiar pueden actuar como desencadenantes, pero detrás suele existir una combinación compleja de sufrimiento emocional, desesperanza, aislamiento y problemas de salud mental.

En ese contexto, tres elementos pueden funcionar como factores protectores: el vínculo con otras personas, el propósito cotidiano y el sentido que cada individuo atribuye a su vida.

No constituyen una fórmula infalible ni reemplazan la evaluación y el tratamiento profesional. Sin embargo, pueden ayudar a sostener emocionalmente a una persona cuando siente que el futuro ha perdido valor.

Una crisis que comenzó en las redes sociales

En la sala de observación de un hospital, una adolescente de 16 años esperaba atención después de un intento de suicidio. Había publicado una fotografía en traje de baño y recibió numerosos comentarios ofensivos sobre su cuerpo.

Mientras permanecía mirando hacia la pared, repetía una frase breve: “No puedo más”.

La agresión digital había sido importante, pero no explicaba por sí sola toda la crisis. Al preguntarle qué hacía durante los fines de semana, contó que antes practicaba natación, pero que había abandonado esa actividad. Los domingos transcurrían principalmente frente al teléfono móvil.

No mencionó un equipo, un club, una responsabilidad o un grupo de personas que esperara su llegada. El acoso había encontrado un terreno marcado por el aislamiento y la ausencia de actividades significativas.

El suicidio no tiene una causa única

Las conductas suicidas son fenómenos complejos. No deben atribuirse exclusivamente a una experiencia, una persona o un acontecimiento.

El motivo identificado inmediatamente antes de la crisis suele ser el último eslabón de una cadena construida durante meses o años. En ella pueden intervenir trastornos mentales, violencia, discriminación, pérdidas, enfermedades, consumo de sustancias, conflictos familiares, dificultades económicas y falta de apoyo.

Por esa razón, la prevención del suicidio necesita una respuesta integral que incluya atención profesional, seguimiento clínico, apoyo familiar, reducción del aislamiento y acceso oportuno a los servicios de salud mental.

Dentro de ese abordaje pueden reconocerse tres preguntas fundamentales:

¿Quién me espera?

¿Qué tengo que hacer mañana?

¿Por qué merece la pena que exista un mañana?

Las respuestas se relacionan, respectivamente, con el vínculo, el propósito y el sentido.

El vínculo: saber que alguien permanece cerca

La conexión humana es uno de los factores protectores más importantes. No siempre requiere grandes discursos o soluciones inmediatas. En ocasiones, comienza con algo tan sencillo como escuchar sin juzgar, mantener el contacto o demostrarle a la persona que su ausencia sería notada.

Una investigación realizada por Jerome Motto y Alan Bostrom estudió a 843 pacientes que habían rechazado continuar en tratamiento después de una hospitalización relacionada con depresión o riesgo suicida.

Una parte de los participantes recibió cartas breves durante cinco años. Los mensajes no exigían respuestas ni establecían citas; simplemente expresaban interés y mantenían abierta una vía de contacto.

Durante los primeros dos años, el grupo que recibió las cartas presentó una tasa de suicidio significativamente menor. Los resultados respaldan el valor preventivo que puede tener un contacto humano continuo, especialmente entre personas que se han desvinculado de los servicios de salud. Investigación publicada en Psychiatric Services.

La Organización Mundial de la Salud también advierte que la soledad y el aislamiento social afectan profundamente la salud física y mental. Fortalecer la conexión social constituye, por tanto, una intervención relevante para el bienestar colectivo. Comisión de la OMS sobre Conexión Social.

El propósito: tener algo que hacer mañana

El propósito no tiene que ser una vocación extraordinaria, una gran empresa o una misión capaz de transformar el mundo. Puede encontrarse en actividades pequeñas y concretas que aportan estructura, responsabilidad y dirección.

Cuidar una mascota, asistir a un entrenamiento, participar en un coro, ayudar a un familiar, cumplir con una jornada de voluntariado o encontrarse semanalmente con otras personas pueden convertirse en razones cotidianas para continuar.

Disponer de varios propósitos también ofrece mayor protección que concentrar toda la identidad y el bienestar en una sola relación, actividad o espacio social. Cuando esa única fuente de reconocimiento desaparece, la persona puede quedar especialmente vulnerable.

Por eso resulta conveniente construir una especie de cartera emocional compuesta por diferentes relaciones, responsabilidades y actividades significativas.

La desesperanza y la percepción del futuro

La desesperanza conecta muchas de las pérdidas que acompañan una crisis suicida. No se limita a sentir tristeza: representa la convicción de que el sufrimiento continuará, que nada podrá cambiar y que el futuro no ofrece posibilidades.

El psiquiatra Aaron Beck siguió durante varios años a cerca de 2,000 pacientes ambulatorios. Quienes alcanzaron puntuaciones elevadas en su escala de desesperanza presentaron un riesgo de muerte por suicidio 11 veces mayor que el resto de los participantes.

Este resultado no significa que una escala pueda predecir individualmente quién morirá por suicidio. Sí demuestra que la percepción negativa del futuro debe tomarse seriamente durante la evaluación clínica. Estudio disponible en PubMed.

Preguntar cómo imagina una persona su futuro puede aportar tanta información como preguntarle por la intensidad de su tristeza.

El sentido: comprender por qué la vida importa

El sentido representa un nivel más profundo. Es el marco mediante el cual una persona interpreta su existencia, sus vínculos y su sufrimiento.

Puede encontrarse en la espiritualidad, la familia, una causa social, el servicio a los demás, una profesión, una expresión artística o una lealtad personal. No existe una única fuente válida y tampoco puede imponerse desde fuera.

Decirle a alguien que atraviesa una pérdida que “todo sucede por alguna razón” puede aumentar su dolor. La trascendencia no se prescribe. Lo apropiado es escuchar y, cuando sea pertinente, preguntar qué personas, valores o experiencias han sido importantes en su vida.

Un ensayo clínico con 253 pacientes con cáncer avanzado evaluó una psicoterapia grupal centrada en el sentido, desarrollada por el psiquiatra William Breitbart a partir de los planteamientos de Viktor Frankl. La intervención produjo mejoras en distintas mediciones de bienestar psicológico y mostró beneficios posteriores en desesperanza, depresión y deseo de una muerte acelerada. Estudio publicado en Journal of Clinical Oncology.

La presencia también puede dar sentido

Cuando una enfermedad avanzada limita las actividades y hace imposible formular nuevos proyectos, el acompañamiento continúa siendo esencial.

La literatura ofrece una imagen poderosa en La muerte de Iván Ilich, de León Tolstói. Mientras los familiares y médicos del protagonista evitan hablar con honestidad sobre su situación, Guerásim permanece a su lado, sostiene sus piernas y reconoce su sufrimiento sin recurrir a explicaciones vacías.

Esa presencia no elimina la enfermedad, pero evita que la persona atraviese completamente sola su dolor.

La escena contiene una lección para familiares, cuidadores y profesionales sanitarios: acompañar con honestidad, respeto y escucha puede ser valioso incluso cuando no existen respuestas sencillas.

Volver a ocupar un lugar en el mundo

Con la adolescente no fue necesaria una intervención espectacular. Además del tratamiento correspondiente y el trabajo con su familia, se acordó que retomara la natación dos veces por semana.

La actividad no resolvió automáticamente todas sus dificultades, pero introdujo una estructura concreta: debía llegar a un lugar, cumplir un horario y encontrarse con personas capaces de notar su ausencia.

Ese pequeño cambio reunió varios factores protectores. Había una actividad, una responsabilidad y un grupo humano.

La prevención del suicidio también se construye así: mediante vínculos que permanecen, actividades que organizan el futuro y razones personales que permiten mirar más allá del sufrimiento presente.

Muchas de las cosas que mantienen a una persona en pie son discretas. Una llamada, una práctica deportiva, una conversación, una responsabilidad familiar o una cita semanal pueden parecer insignificantes hasta que desaparecen.

Detectar esas pérdidas y ayudar a reconstruirlas debe formar parte de una estrategia amplia de prevención, siempre acompañada de atención profesional cuando exista riesgo.

Orientación de ayuda

Si una persona expresa deseos de morir, habla de no tener razones para vivir o muestra señales de riesgo, debe ser escuchada con seriedad y sin reproches. Preguntar directamente si está pensando en suicidarse no introduce la idea ni aumenta el riesgo.

No se debe dejar sola a una persona en peligro inminente. Es necesario buscar atención de emergencia o acudir al centro de salud más cercano.

En República Dominicana, el Contact Center de Salud Mental del Ministerio de Salud Pública ofrece asistencia psicológica y prioriza emergencias relacionadas con suicidio, crisis y violencia. Puede contactarse a través del 809-200-1400. También está disponible el Departamento de Salud Mental en el 809-544-4223. Información del Ministerio de Salud Pública.

La ayuda profesional, el acompañamiento y el seguimiento oportuno pueden salvar vidas.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *